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Pongamos nuestras emociones de nuestro lado





La conversación sobre innovación en el sector legal suele relacionarse con la tecnología: legal tech, Smart contracts, inteligencia artificial, y más recientemente el metaverso.


Sin embargo, la teoría de la innovación en las organizaciones es bastante uniforme en que la base una empresa innovadora radica en su cultura, es decir, lo que pueden aportar las personas con sus ideas, valores, capacidades y su complementariedad en todos estos aspectos por medio de la confianza y la cohesión en los equipos de trabajo.


Contrario a lo que se podría pensar, el alza de las tecnologías no ha disminuido la importancia de la humanización en las profesiones, más bien la ha aumentado. El sector legal no es la excepción.


El valor de nuestro trabajo, de lo que podemos aportar, cada vez más, se va a ver definido como aquello que la tecnología y las máquinas no pueden ni podrán nunca hacer. Una profesión humanizada es algo que siempre no ha costado como sector profesional, y este es el momento de trabajar este aspecto más que nunca.



Cuáles son las mayores causas de estrés en nuestra profesión?


De buenas a primeras, podríamos decir “la cantidad de trabajo”, y es verdad. Es un hecho que tenemos una profesión que demanda mucha atención y responsabilidad. En este blog post quiero adentrarme un poco más en las causas, lo que no está a simple vista y que comienza por nosotros como personas.


Si algo he aprendido en mi experiencia y proceso de terapia es que atribuir nuestro estrés y ansiedad a elementos externos es no responsabilizarnos nosotros mismos por nuestro bienestar. La cantidad de trabajo siempre va a exisitir. El jefe exigente siempre va a existir pero, ¿si uno mismo no lo hace, quién lo va a hacer por uno?


A continuación resumo lo que, desde mi perspectiva, causa estrés y ansiedad en nuestra profesión, comenzando por el nivel personal, lo cual se manifiesta en los equipos, y en el plano organizacional. Estas causas las analizo desde una perspectiva que nos permite responsabilizarnos de ello desde nuestra propia esfera, porque en el momento en que algo es abstracto y etéreo como “la cantidad de trabajo”, es culpa de todos y de nadie, y nunca se aborda.


A nivel personal


El primer aspecto dentro de lo personal es no tener un proyecto personal definido. ¿Cuál es nuestro propósito? Cuáles diríamos que son nuestros valores y ética de trabajo? ¿Cuáles son conductas que reflejan esos valores, y cuáles no? ¿Por qué estudiamos Derecho? No podemos dejar que la vida solo “nos pase”. Debemos reconocer nuestra capacidad de agencia en forjar lo que nos sucede y cómo empleamos nuestro intelecto y energías. Sentir que todo esto está fuera de nuestro control causa el famoso sentimiento de “rueda del hámster”, el tener que continuar corriendo porque es “lo que tenemos que hacer”, sin saber cómo bajarnos.


El segundo aspecto desde mi perspectiva es no tener capacidad de poner límites. Los límites son sinónimo de amor propio y nos lo debemos a nosotros mismos. No es de la noche a la mañana. En mi caso, saber poner límites fue el resultado de proceso de terapia de varios años. No importa cuánto cueste, no hay como saber definir lo que necesitamos para esta bien, a nivel mental, emocional, físico, laboral…y saber defenderlo ante otras personas sin necesidad de dar ninguna explicación.


A nivel de equipo.


Si existe una falta de cohesión y confianza en el equipo para para comunicar nuestras necesidades, es muy probable que por más que sepamos nuestro proyecto personal y nuestros límites, no exista espacio para defenderlos en ese equipo. Ese espacio lo construye el líder. Donde podamos ser nosotros mismos, ahí es.


Por otra parte, muchas veces esa falta de confianza en el equipo se traduce en poca comunicación, que se traduce en una falta de coordinación adecuada de los pendientes, que se traduce en mala gestión de expectativas de los clientes. Todo está concatenado.


A nivel organizacional.


Al fin y al cabo, todas organizaciones son una suma de las personas que están en ellas. Las vibras personas y de equipo terminan siendo vibras colectivas en la organización.


Por eso me gusta tanto el concepto de firma “cliente – céntrica”, la teoría de cultura organizacional más fértil para la innovación en las firmas legales hasta el momento. No es lo mismo que el cliente esté primero que esté en el centro. Cuando está primero, las prioridades son inamovibles. Cuando el cliente está en el centro, hay más espacio para negociar con nosotros mismos y con el cliente. Todo lo que el cliente demanda, lo pasamos por el filtro de las necesidades del equipo y del negocio. Todo lo que el equipo y el negocio demandan, lo pasamos por el filtro de las necesidades del cliente. Así se mantiene un balance que permite lo que todos queremos: poder dar un buen servicio desde nuestras posibilidades reales, no ideales.



Todas estas causas no se trabajan ni se solucionan de la noche a la mañana, eso está claro. Es el trabajo de fondo que requiere mucha traída a consciencia, trabajo y compromiso.


Sin embargo, esto no quiere decir que no existen herramientas para navegar mejor el día a día, mientras todo ese trabajo pesado va sucediendo. Una de esas es la inteligencia emocional.


La tenemos cada uno de nosotros, en mayor o menor medida, y por ahí empieza el trabajo como parte de un proceso desencadenante que se manifiesta hacia los equipos y las organizaciones y hace que haya un terreno más fértil para que los otros cambios, más grandes y pesados, sucedan mejor.


El desarrollo de la inteligencia emocional tiene diferentes matices, por ejemplo, las personas en posiciones de liderazgo le deben un trabajo mucho más intenso al tema. No obstante, la idea de este post es brindar bases conceptuales y herramientas para empezar que nos pueden servir a todos, independientemente de nuestra posición.



Qué es la inteligencia emocional?


Primero hay que adentrarnos en la etimología de “emoción”. Hay un psicólogo catalán que me he dedicado mucho a estudiar desde hace un tiempo, Enric Corbera. Sus materiales son mágicos. Nos explica que emoción viene del latín “emovere”, que alude a algo así como “hacer mover”. Las emociones son un medio de nuestro cuerpo para hacernos darnos cuenta que debemos ir de un lugar a otro emocionalmente. Lindo, ¿verdad?


En uno de sus podcasts, que justamente trata sobre inteligencia emocional, Corbera define este concepto con palabras muy simples: la inteligencia emocional es la capacidad de estar más conscientes de nuestras emociones, así como de las emociones de los demás.


Me encanta como habla Corbera de estos temas, pero, en realidad, el pionero del concepto fue Daniel Goleman, con su libro “What is Emotional Intelligence”.


En este libro, aprendemos que el IQ (intelligence cuoefficient) y el EQ (emocional cuoefficient) no tienen ninguna relación entre sí, son controlados por partes diferentes del cerebro. En nuestra sociedad, se le ha dado tradicionalmente más importante al IQ. Esto lo vemos claramente en nuestra educación como abogados, nos vamos directamente a lo racional, sin entrar en el aspecto emocional que en una profesión como la nuestra es, en realidad, en extremo importante.


Goleman explica que los lugares de trabajo con énfasis en flexibilidad, trabajo en equipo y alta orientación al cliente (lo cual ahora son casi todos con la economía de la experiencia), el set de capacidades de inteligencia emocional es crucial para un desempeño de excelencia. Entre más alta la posición de liderazgo, enfatiza Goleman, más competencias relacionadas a EQ se exigen. Esta exigencia (sin entrar en si la cumplimos o no) la vemos en nuestro sector: los socios de las firmas legales son casi siempre los que se encargan de traer clientes a la firma y gestionar la relación con ellos, esa parte más “política”.



Se puede aprender a ser más inteligente emocionalmente?


Esa es la buena noticia. Sí se puede.


La idea no es “tapar” las emociones, ignorarlas, o convencernos de que todo está bien en un intento tóxico de psicología positiva. Juzgarnos a nosotros mismos por las emociones que experimentamos no nos ayuda a lidiar con ellas. Lo que queremos lograr no es dejar de sentir nuestras emociones, es pensar diferente sobre las emociones que sentimos.


Autogestión a través de la lectura e investigación en el tema y procesos de terapia para trabajar aquello que más nos cuesta.


Técnicas de meditación y Mindfulness son técnicas que nos ayudan a centrarnos emocionalmente en momentos de alta tensión y ansiedad (el famoso “grounding”), lo cual nos vuelve más conscientes de nuestras emociones y cómo relacionarlas con las de las otras personas. De hecho, Goleman es partidario de las técnicas de meditación de mindfulness para enriquecer la inteligencia emocional.


Cambiar nuestro mindset respecto del estrés. Susan David, autora del libro “Emotional Agility”, nos da un excelente framework para empezar:

  1. En vez de “estoy estresada”, “estoy notando que me siento estresada”.

  2. Preguntarnos: “ qué está intentando decirme mi cuerpo con estas emociones de estrés?”

  3. Finalmente, qué puedo hacer para satisfacer esas necesidades?


Coaching, seminarios y cursos. Basta con hacer una búsqueda en Google para encontrar estas herramientas en todos los formatos posibles para nuestra conveniencia.



Inteligencia Emocional y Abogacía


Les quería compartir una cita de Oscar Fernández León, un reconocido autor en gestión de despachos y abogacía con propósito y desde el corazón. Consiste en las características que tiene un profesional en Derecho cuando tiene un alto perfil en inteligencia emocional:


· Sabe identificar los valores y necesidades de los clientes y responder a los mismos adecuadamente.

· Es consciente y sabe manejar sus sentimientos y emociones y las de los demás.

· Es más proclive a escuchar y a emplear el denominado feedback.

· Sus decisiones son más seguras y fiables.

· Saben transmitir decisiones impopulares al equipo o a sus clientes y gestionar adecuadamente la respuesta a las mismas.

· Sabe motivar a sus compañeros y empleados contagiando el buen hacer.

· Es un extraordinario trabajador en equipo, pues sabe cómo gestionar las emociones internas y externas del mismo.



Mi experiencia y lo que me tranquiliza en momentos de ansiedad:


Algunas cosas que me repito cuando me encuentro llena de emociones que me hacen experimentar estrés son:


“Nuestra obligación es de medios, no de resultados.” Siempre vamos a dar nuestro 100%, pero ni eso garantiza que no se puedan presentar contingencias en el futuro. A veces paso noches enteras que me cuesta dormir pensado “y qué pasa si tal…y qué pasa si…y si XXX?”. Tengo que parar y ejercer control mental. Di todo de mí, me aseguré que fuera todo lo necesario, y eso es lo importante.


“Ser siempre 100% honesto con el cliente, así se evitan expectativas que sabemos que no se pueden cumplir.” Esto lo he ido aprendiendo poquito a poco. Como abogada emprendedora he trabajado mucho últimamente en crear procesos y enlistar los aspectos que necesito conversar con el cliente previo a la contratación de un servicio, para que nada quede de improviso. Aun así, admito que no siempre me ha salido de la mejor manera. Es un aprendizaje constante conforme nos vamos desarrollando.


“Lo que sentimos no es lo que somos o lo que es, es solo lo que sentimos en un momento dado.” Es importante darnos chance de sentir esas emociones, a la vez que sabemos que no determinan nuestra realidad.



Las herramientas que más me gustan y me han ayudado a desarrollar mi inteligencia emocional:


Finalmente, quiero dejarles algunas de las herramientas que más me gustan y me han funcionado en este trabajo de nunca acabar:


Artículos sobre inteligencia emocional en el sector legal

- Why Lawyers Need To be Taught More About Emotional Intelligence. https://www.ibanet.org/article/bc769d24-a76e-447a-aff1-fd92903bbd60

- Emotional Intelligence and Lawyers – An Old New Frontier. https://www.lawpracticetoday.org/article/emotional-intelligence-lawyers/


Libro:

Bioneuroemoción (Instituto Enric Corbera)

Emotional Intelligence (Daniel Goleman)

Dare to Lead (Brené Brown) – sobre todo para personas en posiciones de liderazgo


Podcasts (disponible en Spotify):

Enric Más Cerca (Psicólogo Enric Corbera)


Videos de Youtube


Por último y no menos importante, si está dentro de sus posibilidades, páguense un espacio terapéutico. Todos necesitamos un espacio para hablar de nuestras emociones y analizarlas con un profesional.


¿Qué les ha ayudado a ustedes? Los leo en los comentarios.


Con amor, siempre,

Xime

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